Los bebés nacen con una predisposición a comunicarse, a socializar y a integrarse en el mundo que los rodea. Por eso, cuando empiezan a hablar es un gran momento para todos.
Desde sus primeras semanas de vida, los bebés tienen una amplia paleta de trucos de comunicación. Desde sus muecas con la boca de encía sonrosada, hasta su forma de agitarse y removerse con nerviosismo, todo entra dentro de ese espectáculo delicioso de comunicación. Necesitan hacerlo, además, porque están programados de forma innata para aprender el lenguaje y responder a las voces humanas desde el momento en que nacen y necesitan y quieren aprender desde el primer instante.
Desde luego, al principio el llanto es su forma más eficaz de comunicación; pronto, sin embargo, empezará a emitir otros ruiditos, como gorjeos, balbuceos y esos deliciosos gu-gu-gú que nos encantan a los mayores. Es ese balbuceo infantil lo que le va a enseñar a utilizar su voz para comunicarse contigo. Cuando tu bebé gorjea, tú lo llamas «guapo»: es un proceso bidireccional, que encierra magia para padres e hijos.
Sus primeros experimentos con distintos sonidos (gu-gú, gruñidos, lamentos o burbujitas de saliva) pasan a ser un balbuceo alrededor de los seis meses, aproximadamente. Ahora, las vocales que practicaba tu bebé inicialmente se combinan con consonantes. Entramos en la fase de «maaaa», «paaaa», «bbbaaa», que lo llevará a acabar formando sonidos como «mamammma» o «baaabbbaaba».
Observa el aprendizaje en directo
Los bebés aprenden normas básicas del lenguaje mucho antes de ser capaces de hablar. A partir de los siete meses observarás un cambio real en la capacidad de comprensión de tu bebé. Ahora estará alerta a los sonidos del discurso que oye a su alrededor. Se sentirá fascinado por las conversaciones de los adultos; ya puede reconocer su nombre y prestará atención cuando le hables directamente.
Alrededor de los ocho o nueve meses, los bebés se convierten en imitadores reales: no solo copian las acciones, sino también los sonidos. Alrededor de los 10 u 11 meses, se produce otro cambio (puede ocurrir más tarde): empieza a hilar sonidos de forma que parezcan palabras reales: «adú de mamá». Esta fase es un trampolín que los lleva a empezar a hablar el mismo idioma que tú. ¡Es un salto impresionante!
Sus primeras palabras
Poco después de su primer cumpleaños tu pequeñín dirá su primera palabra (recuerda: cada niño es diferente; no te agobies si tu hijo o hija llega a este punto más tarde). Si tienes suerte, será «mamá». Sin embargo, una vez que haya dicho esa palabra, probablemente veas cómo su vocabulario se multiplica de forma fabulosa, a medida que empiece a experimentar con nuevas palabras e ideas y empiece a juntar más sonidos. Las palabras nuevas llegan con cuentagotas al principio (una o dos al mes), pero pronto empezarás a oír nuevos vocablos cada pocos días.
A los 18 meses, el vocabulario oral de tu hijo/a puede incluir entre 40 y 50 palabras, e incluso más. Pero debes saber que puede entender alrededor de 200 palabras. Cuando tenga dos años, probablemente podrá emplear entre doscientas y trescientas palabras, y será capaz de comprender alrededor de mil. Cuando llegue a esta fase, el proceso será demasiado rápido para poder seguirlo.
Hasta las primeras palabras de tu bebé tienen un gran significado. Cuando señale un coche y diga «¿'oche?», sabrás que te hace una pregunta: de quién es, adónde va,... Cuando pase un coche haciendo ruido muy cerca y tu hijo/a diga «¡'oche!», haciendo una mueca, entenderás que quiere decir que el ruido lo/a ha molestado. Cuando tenga dominadas varias palabras sueltas, empezará a unirlas, y tú comprenderás mejor lo que dice.
La curva de aprendizaje
Aprender a hablar es complicado. Antes de poder emitir las primeras palabras, hay que escuchar, imitar, reunir las pistas y descodificar abundante información, pero hay multitud de cosas que podemos hacer para facilitar y hacer entretenida la tarea de los niños. Por ejemplo, cada vez que le sirvas una taza de leche a tu hijo, puedes decirle «Cariño, toma la leche». De este modo, tu hijo comprende que la palabra «leche» se refiere a un líquido y podría usarla (o una aproximación) para referirse a la leche o a cualquier otra bebida.
Cuando los niños empiezan a hablar, sus padres y las personas más próximas suelen ser los únicos que entienden lo que dicen; además, muchas veces ni siquiera vosotros sepáis lo que dice si está fuera de contexto. Producir unos sonidos que se parezcan a lo que escucha requiere mucha práctica, así que es bueno ayudarlos a comunicarse, sirviéndoles de intérprete con las personas que no están habituados a escucharlos. Esto servirá para reforzar su confianza y atenuará la frustración que sienten cuando hacen grandes esfuerzos y no logran que los comprendan