Durante los primeros 18 meses de vida, tu bebé recibirá varias vacunas que lo protegerán de enfermedades como el tétanos, la polio o la meningitis. Sin embargo, la más famosa es la triple vírica.
¿Qué es la triple vírica?
La vacuna triple vírica es una mezcla de tres componentes virales atenuados que pretende inmunizar contra el sarampión, las paperas (parotiditis) y la rubeola. En España, se le pone a los niños de 15 meses de edad. Se vuelve a poner un refuerzo entre los 3 y los 5 años, para que produzca la inmunización en el reducido número de niños que no la hayan desarrollado con la primera vacuna. En España, la vacuna triple vírica se introdujo en las campañas de vacunación obligatoria a mediados de 1981. Desde su aparición, se han dado más de 500 millones de dosis de esta vacuna en más de 100 países.
¿De qué protege esta vacuna?
El sarampión es un virus muy infeccioso; sus síntomas son: fiebre alta, sarpullidos y malestar general. Además, en 1 de cada 15 niños que tienen el sarampión se pueden producir complicaciones, como infecciones pulmonares, ataques, encefalitis (inflamación del cerebro) e incluso daños cerebrales. En casos muy graves, el sarampión puede ser mortal.
Por su parte, la parotiditis (paperas) tiene como síntomas la fiebre, el dolor de cabeza y la inflamación de las glándulas del rostro, cuello y mandíbulas. En ocasiones, puede provocar sordera permanente, meningitis vírica (inflamación de las membranas que rodean el cerebro) y encefalitis. En un reducido número de casos puede provocar también la inflamación de testículos y ovarios.
La rubeola se manifiesta con un sarpullido que dura pocos días, glándulas inflamadas y dolor de garganta. En los niños, esta enfermedad suele manifestarse con síntomas leves, e incluso puede llegar a pasar desapercibida. Sin embargo, en el feto puede ser muy grave: puede dañar la vista, el oído, el corazón y el cerebro de los bebés en el útero. Este caso particular de rubeola se llama síndrome de rubeola congénita (SRC) y cuando se produce en el primer trimestre del embarazo, provoca daños en los bebés no natos en un 90% de los casos.
Los tres virus se contagian a través de la tos y los estornudos; el sarampión es muy contagioso, y las paperas y la rubeola son tan contagiosas como la gripe.
Triple vírica y autismo
En 1998, la vacuna fue objeto de fuertes controversias, tras la publicación de un informe que parecía relacionarla con el autismo y síntomas de una enfermedad inflamatoria intestinal. Expertos independientes de todo el mundo no han logrado encontrar evidencias científicas sólidas que respalden la existencia de semejante vínculo; de hecho, hay abundantes evidencias científicas que demuestran que dicha relación no existe. Sin embargo, se cree que la difusión que han dado los medios de comunicación a la controversia ha disuadido a muchos padres de vacunar a sus hijos e hijas con esta vacuna, y ha hecho que otros retrasen la vacunación hasta que sus hijos sean un poco mayores.
Recientemente, las epidemias de estas enfermedades suelen asociarse sobre todo a una falta de inmunización, más que a la disminución de la inmunidad (que se estima en una duración de 18 años y que probablemente se extienda durante toda la vida). En España, el número de casos de sarampión antes de la introducción de la vacuna era de 150 000 al año; en 2001, el número se había reducido a 53, 11 de los cuales se importaron de países donde no está implantada una campaña gubernamental de vacunación.
¿Monovalente o triple vírica?
Algunas personas creen que la forma más segura de proporcionar inmunización a los niños frente a estas tres enfermedades es administrarles tres vacunas diferentes, separadas en el tiempo, para no sobrecargar el sistema inmune del niño. En España, las campañas gubernamentales incluyen las vacunas triple víricas; la monovalente del sarampión solo se aplicaría en casos de epidemia o cuando sea necesario realizar la vacunación ante de los 12 meses de edad.
En cualquier caso, incluso en casos de epidemia la recomendación para los facultativos españoles es la aplicación preventiva de la triple vírica.
En lo que se refiere a tus hijos, sois vosotros quienes debéis tomar la decisión sobre vacunarlos o no. Es importante que tengáis toda la información disponible y que consultéis a vuestro médico de cabecera o pediatra para que os informe y os aconseje.